Cofresí en el Triángulo de las Bermudas
- C.A. Quintero
- 28 abr 2023
- 5 Min. de lectura

—El clima luce perfecto, Roberto. Ya pronto alcanzaremos al brick holandés con el viento dando al foque. —¡Estamos en el Triángulo de las Bermudas Abey, no seas ingenuo! ¡Debemos tener cautela!—Roberto Cofresí, como se conocía al notorio piratadel Caribe, daba órdenes a todos con autoridad y fogosidad. Él sabe sobre cómo acelerar a Anne, su goleta y amor en el mar. —¡Este tesoro tiene que ir al pueblo borinqueño! De repente, el estruendo de un gran relámpago prorrumpió el cielo. —Es una tormenta eléctrica—gritó Luis Lanzar mirando el cielo lleno de nubes grises e intimidantes. —No...no creo. ¡Es algo peor!—se veía una niebla cargada y se escuchaban explosiones con un olor a metano. —La brújula no está funcionando. ¡Estamos perdidos! Seremos la comida de monstruos en el océano. ¡O peor! —¡Cálmese, Wolverton! Los vientos empezaron a soplar infernalmente. Caían lluvias torrenciales con relámpagos. Las olas, que eran como murallas de agua con 15 metros de alto, caían sobre ellos. Los hombres gritaban e intentaban refugiarse aferrarse a algo.
Como una secuencia de horror, los vientos ahora eran violentas ráfagas de un huracán mortífero, con olas del tamaño de un edificio. Las naves Neptune y Caballo Blanco ya se habían hundido y Roberto Kupferschein había escondido en la escotilla a cuantos podía. Mientras que, los más valientes: Luis Lanzar, polizonte europeo, Abey VI, descendiente del cacique de Salinas, Branden Wolverton, Igor Anderson, americanos exconvictos y el primer tripulante Nono, se mantenían en la parte superior. Todos estos llevaban amarradas tortugas tinglares a sus pies para poder desplazarse por la goleta sobreviviente y salvarla. Algunos piratas de las otras naves intentaban subir a Anne sin éxito. Esta no resistió, y como si una fuerza magnética la halara, se hundió. Roberto perdió la conciencia y cuando despertó estaba en un lugar extraño. Él pensó que era el infierno porque afuera de los campos magnéticos había lava y monstruos. Adentro todo era más hermoso: ciudades hechas de arrecifes, miles de especies acuáticas exóticas de todos colores desfilaban para él, también raras y hermosas. Unas criaturas extrañas que parecían manatíes con cuernos y brazos con manos eran los gobernantes. Sin duda, los demonios que pronto lo echaron afuera a su más aberrante pesadilla. Una de las criaturas se le acercó con una lanza de oro y punta de diamante y le dio un puyazo. —¡Auch!—protestó Cofresí con mirada aturdida. —Es solo para ver tu estado. —¡Desquiciado y enloquecido!—dijo con voz estrambótica—. ¿Dónde está mi tripulación? ¿Abey? ¿Lanzar? ¿Wolverton? ¿Anderson? ¿Nono? ¡Ah! ¿De qué hablo? ¡Sí estoy loco! —Estarán bien, pero hay alguien a quien debes ver. Su nombre es Gilbert. Él te hablará de tu próxima misión. Cofresí solo pensaba en parar de alucinar y restaurar a Anne, Neptune y Caballo Blanco. Lo llevaron a una especie de sala común donde se deleitó con toda clase de delicias jamás probadas. Se le explicó que los humanos podían respirar allí por la utilización de bio-máscaras que utilizan bacterias para crear respiración anaeróbica para producir oxígeno. Bebió una especie de vino producto de unas uvas ya extintas en la superficie. La bebida estaba perfectamente añejada. Además, probó una jugosa langosta que solo vive en las profundidades. Pronto se quedó dormido con un copón hecho de oro lleno de vino dulce. —¡Hola, buenos días—dijo casualmente ante la cara de espanto de Roberto uno de esos seres con bigote ancho y arqueado—! Perdona, mi nombre es Gilbert Lewis,¿te gustaría una taza de café? —Bueno, nada como un café para calmar un día desquiciado. Debe ser la forma del dios cristiano de castigarme por robarle tanto a los mocosos consentidos. —No estás ni alucinando ni en el infierno. Somos rescatistas del triángulo. Lo que pasó fue obra del Caos, nosotros somos agentes del Orden en el Caribe y tenemos una propuesta para ti. Le instruyó que, para poder realizar esta misión, iba a tener que despojarse de lo más que le costaba. Él enfureció, jactándose de quién él era y su linaje. Salió a toda prisa nadando entre pasillos y esquivando los seres extraños para él. Agarró una de sus armas y comenzó a disparar rayos de energías, hasta que recibió un impacto de la cola de un hombre tiburón. —Bueno, con café todo suena mejor. Le narraron unos acontecimientos históricos y le dijeron que él era el elegido para salvar a Borikén del peligro.
—¡Ok! Señor...Errr, sireno. ¿Cómo usted pretende que yo haga esto? La criatura le explicó que era un manatus sapiens o una especie de manatí persona y que podía llamarlo Gilbert o Lewis, que era su apellido. —Esta es una misión especial. Todos debemos sacrificar algo para alcanzar lo mejor para el pueblo—estas palabras y la idea de reencontrarse con Luis Lanzar lo alegraron y lo hicieron aceptar todo. Se fusionó en un abrazo con Luis. Lo llevaron a un cuarto con árboles, aire natural, luz solar y una imagen frente a una butaca de un hombre que parecía un mendigo sonriendo con sus brazos alzados y manos extendidas bajo la lluvia. —¿Qué felicidad puede haber en esto? No hay honor ni poder alguno. ¿Cómo en la pobreza se puede ser feliz? —Roberto, déjate de cosas y lleva a cabo tu misión. ¿Si tú ayudas a los pobres, es tan mala la pobreza? —¿Qué idioteces hablas? ¿No ves que los ayudamos precisamente porque es una desgracia? —Pero debe haber aceptación de hechos y convicción de que la felicidad yace en el agradecimiento, la fraternidad y la responsabilidad —dijo Lanzar. Abey VI y Nono presentaron sus argumentos y él entró en razón. No se podía sanar la pobreza, pero eso sí: siempre sería un pirata y haría lo que un pirata hace, ingeniárselas. Los seres extraños arreglaron gran parte de su flota, y pronto Cofresí y sus piratas se refugiaron en la isla Magueyes. Desde allí se transportaban en canoas por los túneles de mangles de lo que hoy conocemos como La Parguera. Sabían que tenían una misión que cumplir, y que debíanllegar a la capital. En secreto y disfrazado de fraile, se metió en la iglesia de San Francisco de Asís a hablar con su amigo el fraile Gabriel Avilés.
—Escúcheme fraile, ando buscando a mi amigo, el hermano Avilés,
¿un señor mayor él, blanquito?
—No conozco a ese, aunque yo soy Avilés... ¡pero todo un joven,
¿eh?! Debes haber viajado en el tiempo —las memorias sin pasar recorrieron como caricaturas por su mente.
Ustedes han viajado a través de un Hoyo Gusano. Han viajado en el tiempo—le explicó que era el año 1797.
—¡No hay tiempo para explicaciones raras!Ya he tenido suficientes en una semana. Vengo a informarle que hay una solución a la invasión inglesa. No puedo creer lo que voy a decir, pero, deben salir a orar con antorchas y luego atacar con los buques españoles.
—Claro, pero sonando campanas y trompetas debe ser una estupenda alabanza.
—¡Brillante!
Todo puertorriqueño sabrá la leyenda de la Rogativa, la cual no contaré aquí, pero no saben que nuestro pirata encontró las coordenadas para navegar en el hoyo gusano, no sin antes robarle los tesoros de Abercombry y a su flota.





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