El Norte Del Kusudi (Bonana, Parte 1)
- C.A. Quintero
- 26 abr 2023
- 4 Min. de lectura

La música era tan melodiosa, que le resultó embriagadora. Guadalupe Portinari, mujer de bello rostro resplandeciente, cabellos rubios y labios hipnotizantes, se alejaba danzando de la fiesta de empleados del Centro Comercial Villas del Lago hacia la tienda Aquamax, cuyo nombre resaltaba en un rótulo parpadeante de letras blancas tridimensionales. El edificio era azul. En su interior, las peceras estaban repletas de peces exóticos y tiburones de pecera para la venta y exhibición. Los licántropos trabajaban en Epic Burger. Los elfos de Movie Galaxy y los enanos de la Ferretería Mr. Handy, bromeaban junto con las ondinas de la tienda de artículos de lagos y ríos. Se sentaban a la mesa del banquete en el armisticio, en Villas del Lago. —Mira a esa tonta allí en un trance—decía una de las ondinas en un tono de voz molestosa y aguda. “Ahí está Guerrero, en su góndola, Me gustaría librarlo de Conann, es un formoireo maligno y cruel, pero el pobre está muy moribundo, de tanto visitar la Llanura de La Muerte. Es lindo, pero no tiene remedio, la lucha lo tiene mal.”
A nadie le importa la rareza de este armisticio que se ha organizado por el misterioso comerciante, Sr. De Jesús. Un hombre de piel taína estirada, sonrisa rígida y mirada malévola. Un fauno con cuernos de carnero colmillos que le sobresalen del labio superiory piel grisácea similar a la de un réptil, parecía estar alerta. Si su piel escamosa no era razón suficiente para causar escalofríos, más temor causaba su rostro de vicioso y mirada malvada. Un gato desnutrido y sarnoso y un perro con montones de nudos seguían a la mujer vestida con pantalones de hoja y camisa crema. Ella los acariciaba suavemente sin cesar de bailar. “La música parece provenir de la tienda donde trabajo”. —pensaba preocupada Guadalupe—. “Si no fuera por mi futuro, no trabajaría aquí. Es tan arduo y explotador.” Danzar al son de la música techno entre las góndolas repletas de carbón para purificar agua, le ayudaba a relajar los pensamientos. —¿Qué estará pasando? Sinceramente, no puedo con tanto misterio—decía para sí mismo, David, empleado del acuario. Su cansancio mental le hizo sentir como si cargara algo. Una voz lo apresuraba y lo llamaba a actuar, pero él estaba en depresión. Finalmente, la ninfa entró por la puerta del almacén que se ubicaba en la parte de atrás entre las peceras de tiburones. Allí encontró al fauno dj, por quien estaba enloqueciendo. En la parte de atrás de la tienda, había unos sarcófagos cerrados. Eran jóvenes que habían muerto por mordeduras de monstruos ancestrales; criaturas víctimas de la opresión que controlaba a la sociedad desde las sombras y limitaba sus oportunidades. —Yo debo pasar este ritual... ¿Qué me importa ella? Necesito dinero para salir adelante. La cosa está mala con la Ley 7 de Luis Fortuño — pensó el vil fauno.
Mientras todos festejaban pacíficamente, los tres sarcófagos se abrieron. Emergieron unos vampiros augurios y sucesores de la oscuridad. Inicialmente, en forma humana, pero se transformaron gradualmente en bestias con colmillos y orejas de murciélago. Luego, les brotaron garras en sus piernas y manos. Estaban cubiertos de pelo por todo el cuerpo, hocico y alas de murciélago. Tomándose turnos, clavaron sus colmillos en el cuello de la empleada. Poco a poco, la sangre iba corriendo. El vampiro makaber era de estatura promedio, pero fuerte y bestial. Era el superior inmediato de Christian, el cabecilla de los augurios. Guadalupe Portinari estaba en un trance, hipnotizada por el vil fauno quien no dejaba de mezclar discos ni de reflejar tormentas en sus ojos. Fue entonces cuando el imponente vampiro, el mayor de los augurios, le destrozólas preciosas alas tornasol a la criatura del bosque. — ¡Imbécil, detente! —alcanzó a decir. Con la piel erizada y sus ojos achinados, el fauno corrió a toda velocidad y se alejó sollozando. Al ver esto, David se fue transformando. Le salieron cuernos de buey, cola y melena de león. Se le estiraron las patas y se convirtió en una bestia potente. En efecto, se había transformado en una especie de kiburu, que transportaba a Cuvântul, la divinidad. Los Kiburu eran bestias protectores de lo sagrado o ataques espirituales de los kusudi. El augurio menor ansiaba usar sus nuevos poderes, pero algo le estaba raro: el banquete ya no estaba tan lleno. Se apresuró a desvestirse. Progresivamente, mostrando sus músculos, brilló como estrella fugaz. Los borrachos licántropos con caras de enojo y los elfos del video club, así como las ondinas que quedaban en el banquete, lo miraban por última vez. Segundos más tarde, la brea se cubrió de sangre. El augurio no era digno de lo que hizo, el poder de la ninfa, lo quemó. El oso polar, que vestía de armadura de oro donde los hombros quedaban cubiertos por filos de diamante, habló con autoridad apuntando su espada que era rodeada por fuego divino. Llegó cabalgando la bestia poderosa y temeraria con cuernos de buey, alas de águila y apariencia de león. Era un kiburu de emergencia. Los kiburu son ataques espirituales de los kusudi. Toda persona los puede aprender a llamar, pero no todos lo logran. Existen otros más fuertes, seres espirituales y bestiales. ››Dale Bonana, al ataque‹‹ — se refirió al ataque espiritual de David, el Kiburu. Al ver a la bestia, el Makaber huyó. Bonana, el Kiburu, protestaba inquieto. La criatura y el demoníaco augurio se enredaron en una lucha. Las uñas afiladas del monstruo bestial se enterraron en la bestia, pero Bonana ripostó enterrando sus cuernos al augurio mayor hasta que se fue volando, como cobarde, el vampiro. Quedaron rodeados de mayani. Cuvântul miró a Bonana y asintió mientras accedió con su espada a incinerar a los arácnidos. —Bonana rugió, y dijo: —¡¡¡Dama Estarei!!!¡¡¡Socórrenos!!! Apareció una manada de kiburus y serafines que batallaron contra los mayani, espíritus malignos. Bonana los comandaba con rugidos custodiando a Guadalupe Portinari. Los kiburus contestaron sus rugidos y los demonios huyeron. Bonana abrazó con sus alas a la ninfa que lloraba descontrolada. Le pasaba su Gnáde, magia divina. Guadalupe fue sanando. Resplandeció y se levantó. Bonana cayó al piso. Ella se prestó a intentar sanar a David, pero la ninfa tenía sus poderes afectados.
Fin del primer cuento de la saga.





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