Gadyen del Pic Macaya (Guardianes de Haití)
- C.A. Quintero
- 23 mar 2024
- 3 Min. de lectura

Yuanding cuidaba a Moai, acariciándola con rocíos de agua que la hacían irradiar sus pétalos dorados. El monje vestido con una túnica púrpura, y verde como Pic Macaya, el bosque espiritual, podía de repente, cantar unos himnos que enviaban un río de energía que nutría a las Damas Danzantes. El templo en el árbol de ceiba conocido como Dōshi, a sus alrededores había un páramo desolado. Pero por dentro, contenía unas cuevas con estanques con bioluminiscencia. El monje no vidente parecía ver a través de su vendaje, que tapaba sus ojos materiales, como salían ríos opacos salir de los otros gadyen (guardianes). Las criaturas vivían inconformes y la gran guerra estaba a punto de estallar. Las Salamandras de guerra, como se les decía a los invasores, esperaban afuera en sus inmensas flotas y los Orcos estratifican con ansías de aniquilarlas a ellas y a todos los que fuera necesarios.
-Ahí está el desquiciado de Yuanding, levitándo, en un trance.
-¿Porque lo juzgas, Kalfuel, que no sabes que se ha ido a Pic Macaya a batallar? dijo Jak mientras todas las venas de su cuerpo se marcaban.
Veo como Pic Macaya brilla con su bioluminicescia, pero el fuego azul de los demonios como medusas voladoras, debilita las flores y por consiguiente tendrá consecuencias nefastas. Sus tentáculos de medusas están enviando fuego debo bajar las escaleras del Gran Árbol a toda prisa y debo viajar al Pic Macaya en Chāoyuè.-pensaba Yuanding. Las flores se están tornando azules y llenas de lágrimas.-noto el monje.
-No tenemos que regar las flores, hermanos, el único que las defendía está muerto. -Proclamó Kalfuel.
-No lo está, Sunt Dragoste, vive en nosotros-. decía Jak mientras se marcaban sus pómulos.
-Lo dice el que cree en las fábulas de un ciego tonto.
-Hace falta verdadera visión, al otro lado todo es más hermoso. -discrepo Charlotte Yasashī refiriendose a Chāoyuè.
Yuanding cantaba himnos a las flores, junto con Charlotte y esto enviaba ríos místicos que ahuyentan a los demonios.
- yon sèl san- fue la jaculatoria (especie de encanto Netwaye) pronunciado por el monje no vidente este envío una fuerte corriente que arrolló a los demonios contra El Árbol templo. La cabeza del monje manchó de sangre la tierra en Chāoyuè.
Entonces, los cantos de los monjes eran sobre tristeza. Las rosas eran azules y todos se dedicaban a filosofar. Todo era guerra, Pic Macaya comenzó a arder también. Las capillas eran destrozadas al igual que los humanos blancos y los nobles, eran los tiempos de la rebelión de los orcos liderados por Abubaker Al Baghdadi, quien batallaba contra los lagartos pálidos liderados por su vil líder Éicídiú Chanie. Jak y el monje rebelde batallaban incansablemente, por todo el páramo, luego de que los Gadyen legítimos lograron expulsar a los monjes rebeldes de Dōshi. El ancla del monje guerrero guardián repleta de la sangre de Sunt Dragoste, hacía perecer monjes rebeldes, y a los demonios, que eran sus aliados.
Las rosas seguían derramando lágrimas y los seres y criaturas de Haití estaban en guerra. Elfos batallaban contra enanos, quienes solo se aliaron para batallar contra los anfibios ambulantes.
Cada vez que Jak regaba las rosas, más soldados se unían a su bando. Pero una daga venenosa atravesó el corazón del Gadyen, mientras se interponía en el martirio de Moai. En este instante, la reina de las Flores ardió con luz dorada como nunca desprendiendo a Oduduwa, del asesino. Kalfuel fue víctima en el saqueo del Árbol Templo por el Jefe Orco. En este instante los monjes rebeldes usaron encantos de magia oscura para hacer perecer a muchos enanos y los elfos perecían de tristeza.
Fue en ese momento que un espíritu ancestral se posó en el costado de Yuanding. Era la madre Moai en forma de cigua palmera. Luego transformándose en una bella doncella, le pasó la mano por la cabeza e instantáneamente sanó a Yuanding. Este dándole las gracias, levitó. Todos los monjes rebeldes y demonios en el interior del templo corrían, por el pánico hacía el monje. Mientras él se quitaba su vendaje del rostro, se hacía cenizas, y lo último que vieron los enemigos de Pic Macaya, fue un guaraguao elemental que regresó a los demonios a lanfè, e incineró con fuego místico a los monjes rebeldes. Los orcos fueron adormecidos por los cantos de esta ave, era Sunt Dragoste. Los orcos y Salamandras fueron utilizados en el proceso de reforestación de Haití. Los monjes estaban en un trance infernal, donde
vivieron todo el daño hecho interiormente siendo
sus páramos psicológicos hechos cenizas.
Poco a poco como el fénix resurgiría el Pic Macaya y la ecología mundial, así como el cuido de los más pobres.





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